miércoles, 6 de septiembre de 2017

...y Hugo decidió llegar...






Cuando estás embarazada no ves el momento de por fin tener a tu bebé en brazos... tienes ansiedad, miedos, incertidumbres...y por mucho que quieras, tú no decides ni cuándo ni cómo será... pero cuesta asimilarlo.

El día 10/03 teníamos cita en monitores a las 9 de la mañana, cumplíamos la semana 40 de gestación.

 Un embarazo que se me estaba haciendo largo pese a encontrarme bien, en el que meses atrás estaba de baja por la mutua... pero tenía tal ansiedad por conocerle que no veía el día..además, la logística de tener que dejar a Lucas con los abuelos, la preocupación de qué tal se quedaría, cómo recibiría a su hermano... estaba inquieta y expectante.

Durante meses nos habíamos preparado, más mental que físicamente para tratar de que fuera un parto con baja intervención y se acercaba el momento. 

Si en el primer parto habría firmado porque hubiera anestesia general, en este quería ser dueña de mi cuerpo, guiar las acciones y ser partícipe del procedimiento. Teníamos elaborado el plan de parto. Planificado cómo íbamos a apañarnos, qué queríamos, que no, qué tal vez y qué bajo ningún concepto. Estábamos preparados. Sólo faltaba que Hugo diera la señal.

El día 9/03 , jueves , pasé un día rarillo, con mal cuerpo. Pasamos el día fuera, tenía contracciones irregulares y malestar. El sábado anterior habíamos visitado urgencias y la matrona(maravillosa, respetuosa y sincera) nos dijo q había comenzado el proceso de parto, como mucho n cuestión de días, Hugo ya estaría aquí.

Ese día, mi marido comentó que nos quedáramos en casa de los abuelos, pero yo estaba deseando ir a casa y darme una ducha y descansar. Mientras los chicos se bañaban yo me quedé traspuesta en el sofá. Cuanto pude me fui a la cama. Dormitando porque ya empezaban a regularizarse las contracciones. Sobre las 00.30 ya no pude más, me levanté al baño, llamé a mi marido y le dije que «ahora sí que estoy de parto»y me vine al salón. Él sólo dijo «ahora? pero si son las 00.30 de la mañanaa».Tenía contracciones cada par de minutos, no me daban tregua y eran dolorosas. Cuando mi marido llegó vestido al salón y me vio sujetando la pared... fue a apañar al niño para marcharnos. Llamé a mi padre y le dije que íbamos de camino, que hoy sí estaba de parto.

Llegamos al hospital de Getafe sobre las 2'00, los baches de la calzada me parecían horribles cuando venía la contracción y no sabía cómo ponerme ni dónde agarrarme. No podía hablar, sólo respirar y pensar que Hugo estaba de camino. 

Cuando me bajé del coche me vino otra contracción y tuve que pararme en seco en la puerta de urgencias, los celadores sólo afirmaron que estaba de parto y me indicaron por dónde debía acceder a ginecología. Al minuto llegó mi chico , mientras pasábamos a la consulta de la matrona. Ésta  exploró y estaba dilatada de 8. La entregamos el plan de parto, queríamos la mínima intervención. Al monitorizar a Hugo estaba en el límite de las pulsaciones para el acceso a la sala de baja intervención (tenía 115ppm y el mínimo eran 110ppm) y tuvo que informar al ginecólogo quien finalmente dio el ok, aunque tuvimos serias dudas ahí de que ella quisiera atender este tipo de parto.. que implica presencia el 100% del tiempo y otras atenciones diferentes a las de un parto medicalizado.

 Yo no hablaba, sólo respiraba y verbalizaba alguna sílaba cuando Hugo empujaba. Me cogieron una vía por si acaso en la muñeca izquierda... me molestó durante todo el proceso y me arrepentí de haberla llevado, pero me explicaron q si en algún momento del parto necesitaba suero, ya habíamos adelantado trabajo.

Según pasamos a la sala de mínima intervención... cuando las contracciones eran cada 30/40segundos conseguí verbalizar lloriqueando «-Dani, nos hemos equivocado, no voy a poder». Sé que a mi chico se le cayó el alma a los pies...acabábamos de entrar, ya no había opción de analgesia por la dilatación y me veía sufrir y desdecirme en todo lo q dije durante el embarazo. 

El dolor era muy intenso, me faltaba el aire y ya estaba exhausta. Él me cogió fuerte La mano y me dijo «claro que sí, campeona, estás preparada para esto». Yo no le creí mucho pero tb era consciente de que no había mucha más opción, así que había que tirar para adelante. 

La matrona puso música, la intensidad de la luz era cómoda y la sala acogedora de temperatura y clima,  pero podía haber estado en un cuarto trastero que en ese momento me habría dado igual.

El primer sitio donde estuve fue en la pelota, donde me pusieron un empapador, pensaba que hacer movimientos de pelvis me ayudaría, pero ¡ nada más lejos de la realidad! no llegué al minuto!!

Utilicé las lianas cual cochinillo ( esto me lo dijo mi chico después) y entraban otras matronas a verme y ofrecerme su apoyo y aliento.«qué bien estás ahí», «sí, genial», pensaba yo.. 



Cada 15 min monitorizaban a Hugo. Me ofrecían ánimo, palabras de aliento, la matrona procuraba distender la tensión y yo la oía lejos pero no tenía ganas de que me hablaran. Mi compañero ahí estaba, apoyándome...Habíamos practicado en casa masajes para mejorar los dolores, pero en ese momento no quería ni que me tocase, me apartaba poco sutilmente...así que con la mano, la mirada y el apoyo verbal era suficiente.


Estuve como media hora en la ducha, qué bien me hacía el agua caliente cayendo por la espalda, mientras veía en la ventana las luces y parecía lejano el.amanecer/la llegada de Hugo....la matrona la pobre hacía malabares para la monitorización del bebé entrando a cuatro patas...tratando de no molestarme, respetando mis posturas y tiempos. 

Cuando salí de la ducha estaba helada y agotada, decidí tumbarme en la cama, la peor postura para dar a luz, lo sé, pero es que estaba exhausta. Al poco tiempo en una exploración se rompió la bolsa, pensábamos que ya llegaba  el momento de tener al churumbel en brazos...estábamos equivocados. Eran las 4.35 y hipotetizamos que a las 5 estaría con nosotros.

Incluso la matrona que fue a cambiarse avisó a sus compañeras para la asistencia. Aumentaron las monitorizaciones al bebé.. Yo ya estaba sin fuerzas y una de las matronas para ayudarme entre contracciones me dio masaje cráneo sacral...eso fue tocar el cielo. 

Sobre las 6 se empezaron a preocupar porque había pasado mucho tiempo desde la rotura de aguas. A las 6.35 tras unos empujones y unos gritos desgarradores ( aquí sí ya grité empujando con todo lo que podía) nació Hugo, un bebé rechoncho que se enganchó al pecho de inmediato😍. Nuestro segundo hijo. En ese momento comprendí que es cierto, el amor se multiplica.


No podía dejar de mirarle y recuperé al instante las ganas de hablar, agradecía las matronas, a mi chico...estaba pletórica. Lo habíamos conseguido. 



Pese a mis dudas e inseguridades, mi marido estuvo ahí, apoyándome, y ya teníamos nuestro premio..nuestro hijo sanote con nosotros. No hubo desgarro ni puntos, sin embargo sí me tuvieron que revisar porque pensaban que había algún trocito de placenta que se pudo quedar dentro....los resultados fueron negativos. Hugo pesó 3.460 gramos y midió 52 cms. Nos explicaron que se demoró la fase expulsiva porque venía con vuelta de cordón.

 
El equipo de matronas y gine nos informaron que había sido la octava mujer en parir en esa sala desde su inauguración en septiembre 2016 (riéndonos  mi chico y yo nos imaginábamos un cuadro honorífico con fechas y membrete dorado).  Nos dieron la enhorabuena y nos felicitaron por el autocontrol, alguna mami debió gritar más..


Nos respetaron y dejaron intimidad para conocernos los tres mientras amanecía.

Unas horas después, Lucas vino a conocer a Hugo, su súper hermano que también se enamoró de él nada más verle. Los abuelos, que habían pasado la noche n vela y preocupándose también vinieron a conocer al nuevo vástago...el resto no llegó...  conseguimos nuestro alta prematura...

El sábado a las 12.00 salíamos por la puerta del hospital, niño en teta, mayor de la mano y felices.

Pese al dolor, la inseguridad, el miedo... volvería a dar a luz así. Sí, se llama parto porque te partes en dos. Pero es maravilloso ser partícipe de todo, y sí, es verdad...cuanto ves a tu hijo se te olvida todo el sufrimiento, empiezas de cero a experimentar y almacenar recuerdos bonitos.




 
Gracias cariño, por apoyarme en mis decisiones, por sufrir conmigo, por ser la luz cuando mis pensamientos negativos me tiraban para abajo de un mar oscuro.












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