Cuando estás embarazada
no ves el momento de por fin tener a tu bebé en brazos... tienes ansiedad,
miedos, incertidumbres...y por mucho que quieras, tú no decides ni cuándo ni
cómo será... pero cuesta asimilarlo.
El día 10/03 teníamos
cita en monitores a las 9 de la mañana, cumplíamos la semana 40 de gestación.
Un embarazo que se
me estaba haciendo largo pese a encontrarme bien, en el que meses atrás estaba
de baja por la mutua... pero tenía tal ansiedad por conocerle que no veía el
día..además, la logística de tener que dejar a Lucas con los abuelos, la
preocupación de qué tal se quedaría, cómo recibiría a su hermano... estaba
inquieta y expectante.
Durante meses nos
habíamos preparado, más mental que físicamente para tratar de que fuera un
parto con baja intervención y se acercaba el momento.
Si en el primer parto
habría firmado porque hubiera anestesia general, en este quería ser dueña de mi
cuerpo, guiar las acciones y ser partícipe del procedimiento. Teníamos
elaborado el plan de parto. Planificado cómo íbamos a apañarnos, qué queríamos,
que no, qué tal vez y qué bajo ningún concepto. Estábamos preparados. Sólo
faltaba que Hugo diera la señal.
El día 9/03 , jueves ,
pasé un día rarillo, con mal cuerpo. Pasamos el día fuera, tenía contracciones
irregulares y malestar. El sábado anterior habíamos visitado urgencias y la
matrona(maravillosa, respetuosa y sincera) nos dijo q había comenzado el
proceso de parto, como mucho n cuestión de días, Hugo ya estaría aquí.
Ese día, mi marido
comentó que nos quedáramos en casa de los abuelos, pero yo estaba deseando ir a
casa y darme una ducha y descansar. Mientras los chicos se bañaban yo me quedé
traspuesta en el sofá. Cuanto pude me fui a la cama. Dormitando porque ya
empezaban a regularizarse las contracciones. Sobre las 00.30 ya no pude más, me
levanté al baño, llamé a mi marido y le dije que «ahora sí que estoy de parto»y
me vine al salón. Él sólo dijo «ahora? pero si son las 00.30 de la mañanaa».Tenía
contracciones cada par de minutos, no me daban tregua y eran dolorosas. Cuando
mi marido llegó vestido al salón y me vio sujetando la pared... fue a apañar al
niño para marcharnos. Llamé a mi padre y le dije que íbamos de camino, que hoy
sí estaba de parto.
Llegamos al hospital de
Getafe sobre las 2'00, los baches de la calzada me parecían horribles cuando
venía la contracción y no sabía cómo ponerme ni dónde agarrarme. No podía
hablar, sólo respirar y pensar que Hugo estaba de camino.
Cuando me bajé del coche
me vino otra contracción y tuve que pararme en seco en la puerta de urgencias,
los celadores sólo afirmaron que estaba de parto y me indicaron por dónde debía
acceder a ginecología. Al minuto llegó mi chico , mientras pasábamos a la consulta
de la matrona. Ésta exploró y estaba dilatada de 8. La entregamos el plan
de parto, queríamos la mínima intervención. Al monitorizar a Hugo estaba en el
límite de las pulsaciones para el acceso a la sala de baja intervención (tenía
115ppm y el mínimo eran 110ppm) y tuvo que informar al ginecólogo quien
finalmente dio el ok, aunque tuvimos serias dudas ahí de que ella quisiera
atender este tipo de parto.. que implica presencia el 100% del tiempo y otras
atenciones diferentes a las de un parto medicalizado.
Yo no hablaba, sólo
respiraba y verbalizaba alguna sílaba cuando Hugo empujaba. Me cogieron una vía
por si acaso en la muñeca izquierda... me molestó durante todo el proceso y me
arrepentí de haberla llevado, pero me explicaron q si en algún momento del parto
necesitaba suero, ya habíamos adelantado trabajo.
Según pasamos a la sala
de mínima intervención... cuando las contracciones eran cada 30/40segundos
conseguí verbalizar lloriqueando «-Dani, nos hemos equivocado, no voy a poder».
Sé que a mi chico se le cayó el alma a los pies...acabábamos de entrar, ya no
había opción de analgesia por la dilatación y me veía sufrir y desdecirme en
todo lo q dije durante el embarazo.
El dolor era muy intenso,
me faltaba el aire y ya estaba exhausta. Él me cogió fuerte La mano y me dijo
«claro que sí, campeona, estás preparada para esto». Yo no le creí mucho pero
tb era consciente de que no había mucha más opción, así que había que tirar
para adelante.
La matrona puso música,
la intensidad de la luz era cómoda y la sala acogedora de temperatura y clima,
pero podía haber estado en un cuarto trastero que en ese momento me
habría dado igual.
El primer sitio donde
estuve fue en la pelota, donde me pusieron un empapador, pensaba que hacer
movimientos de pelvis me ayudaría, pero ¡ nada más lejos de la realidad! no
llegué al minuto!!
Utilicé las lianas cual
cochinillo ( esto me lo dijo mi chico después) y entraban otras matronas a
verme y ofrecerme su apoyo y aliento.«qué bien estás ahí», «sí, genial»,
pensaba yo..
Cada 15 min monitorizaban
a Hugo. Me ofrecían ánimo, palabras de aliento, la matrona procuraba distender
la tensión y yo la oía lejos pero no tenía ganas de que me hablaran. Mi
compañero ahí estaba, apoyándome...Habíamos practicado en casa masajes para
mejorar los dolores, pero en ese momento no quería ni que me tocase, me
apartaba poco sutilmente...así que con la mano, la mirada y el apoyo verbal era
suficiente.
Estuve como media hora en
la ducha, qué bien me hacía el agua caliente cayendo por la espalda, mientras
veía en la ventana las luces y parecía lejano el.amanecer/la llegada de
Hugo....la matrona la pobre hacía malabares para la monitorización del bebé
entrando a cuatro patas...tratando de no molestarme, respetando mis
posturas y tiempos.
Cuando salí de la ducha
estaba helada y agotada, decidí tumbarme en la cama, la peor postura para dar a
luz, lo sé, pero es que estaba exhausta. Al poco tiempo en una exploración se
rompió la bolsa, pensábamos que ya llegaba el momento de tener
al churumbel en brazos...estábamos equivocados. Eran las 4.35 y hipotetizamos
que a las 5 estaría con nosotros.
Incluso la matrona que
fue a cambiarse avisó a sus compañeras para la asistencia. Aumentaron las
monitorizaciones al bebé.. Yo ya estaba sin fuerzas y una de las matronas para
ayudarme entre contracciones me dio masaje cráneo sacral...eso fue tocar el
cielo.
Sobre las 6 se empezaron
a preocupar porque había pasado mucho tiempo desde la rotura de aguas. A las
6.35 tras unos empujones y unos gritos desgarradores ( aquí sí ya grité
empujando con todo lo que podía) nació Hugo, un bebé rechoncho que se enganchó
al pecho de inmediato😍. Nuestro segundo hijo.
En ese momento comprendí que es cierto, el amor se multiplica.
No podía dejar de mirarle
y recuperé al instante las ganas de hablar, agradecía las matronas, a mi
chico...estaba pletórica. Lo habíamos conseguido.
Pese a mis dudas e
inseguridades, mi marido estuvo ahí, apoyándome, y ya teníamos nuestro
premio..nuestro hijo sanote con nosotros. No hubo desgarro ni puntos, sin
embargo sí me tuvieron que revisar porque pensaban que había algún trocito de
placenta que se pudo quedar dentro....los resultados fueron negativos. Hugo pesó 3.460 gramos y midió 52 cms. Nos explicaron que se demoró la fase expulsiva porque venía con vuelta de cordón.
El equipo de matronas y
gine nos informaron que había sido la octava mujer en parir en esa sala desde
su inauguración en septiembre 2016 (riéndonos mi chico y yo nos
imaginábamos un cuadro honorífico con fechas y membrete dorado). Nos
dieron la enhorabuena y nos felicitaron por el autocontrol, alguna mami debió
gritar más..
Nos respetaron y dejaron
intimidad para conocernos los tres mientras amanecía.
Unas horas después, Lucas
vino a conocer a Hugo, su súper hermano que también se enamoró de él nada más
verle. Los abuelos, que habían pasado la noche n vela y preocupándose también
vinieron a conocer al nuevo vástago...el resto no llegó... conseguimos
nuestro alta prematura...
El sábado a las
12.00 salíamos por la puerta del hospital, niño en teta, mayor de la mano
y felices.
Pese al dolor, la
inseguridad, el miedo... volvería a dar a luz así. Sí, se llama parto porque te
partes en dos. Pero es maravilloso ser partícipe de todo, y sí, es
verdad...cuanto ves a tu hijo se te olvida todo el sufrimiento, empiezas de
cero a experimentar y almacenar recuerdos bonitos.
Gracias cariño, por
apoyarme en mis decisiones, por sufrir conmigo, por ser la luz cuando mis
pensamientos negativos me tiraban para abajo de un mar oscuro.